Aquel día de primavera Noa se levantó pronto y excitada, sus padres y sus tíos habían organizado una excursión al nacedero del río Aguas Bravas.
-Mami ¿qué es un nacedero? – preguntó a su madre al acostarse.
-Es el lugar en el que nace el río, de allí brota y cae en preciosas cascadas por las laderas del monte, …
-Por favor mami no me cuentes más – le interrumpió Noa -. Si lo veo todo hoy no me hará tanta ilusión mañana- y es que el poder de Noa le permitía ver en la mente de su madre el río tal y como era. O tal vez era sólo imaginación desbordante ¡quién sabe!
Lo cierto es que aquel día amaneció espléndido, sin viento ni nubes y con un sol que prometía calor, tal vez demasiado calor. Pero Noa nunca tenía calor, para evitarlo hacía que la brisa despeinara sus negros cabellos.
-¡Noa!, te tengo dicho que no uses el viento cuando no corre ni la más mínima brisa- le regañaba a veces su madre, mientras a su padre se le ponían los ojos como platos.
Pero aquel día, todos pasaron calor, la pendiente por la orilla del río era larga y a veces dura, no obstante la belleza del paisaje con sus árboles, las cascadas, y preciosos remansos de colores diamantinos, les hacían olvidarse a todos del calor y del cansancio. Noa por supuesto no se cansaba lo más mínimo.
-¡Mira tiíta, mira como corro! ¡Corre tío a ver si me pillas!
-Es increíble que esta niña no se canse en estas cuestas- decía asombrado y jadeante su tío, un duro deportista que ya sudaba profusamente. Pero mami estaba al tanto y salvó la situación.
-Noa, haz el favor de no usar el poder
del río para subir las cuestas- le dijo en susurros.
-Pero mami si al río no le importa.
-Ya lo sé cariño, pero tu tío se esta cansando mucho siguiéndote y le vas a dejar avergonzado- Noa comprendió de inmediato y corriendo hacia su tío gritaba.
-¡Tío estoy muy cansada! ¿Me llevas?
-¡Por fin se cansa!, parece que desayuna pilas esta niña- dijo su tío socarrón, y cogiéndola la llevo hasta que le dolieron insufriblemente los brazos. Cuando llegaron al nacedero, Noa estaba empapada en el sudor del cabezón de su tío, y al posarle este con dulzura en el suelo, salió corriendo junto a su madre.
-¡Mami, mami, el tío me ha mojado toda!
¡Lo que pudo reírse su tío con estas palabras!, y con él todos los demás, pero a Noa no le hizo ninguna gracia, de hecho ya estaba pensando en pedirle a un árbol, que le diera un ramazo a su tío en el culo, cuando su madre se acercó y le dijo al oído entre dientes.
-Ni se te ocurra cielo, o te quedas sin bocadillo.
Con lo que Noa se cuidó mucho de no pedir nada al arbol, pues tras las aparentemente cariñosas palabras de su madre, ella había captado con claridad, algo bastante peor que quedarse sin bocadillo.
De todas formas a Noa no le duró mucho el enfado, tenía mal genio, pero era algo diminuto en comparación con su bondad, y sus risas siempre acababan alejando todo nubarrón de tristeza. De hecho su padre estaba pensando en ese momento, si aquel cálido y brillante día se debía a la excitante ilusión de su hija.
-Esperemos que no se enfade antes de que acabe la excursión- murmuraba mientras saboreaba su delicioso bocadillo de tortilla-, de lo contrario fijo que llegamos a casa con tormenta.
-¿Tormenta?- preguntó su hermana, que le había oído la última palabra- ¡Pero qué dices!, si hace un sol estupendo, y el parte de la tele ha dicho que continuará así durante días.
-Me sé de una a la que el parte le importa un pimiento.
-¿Cómo? ¿Pero qué….?
-Nada, nada, cosas mías, estoy de broma- zanjó con disimulo sellándose la boca dando un gran mordisco a su bocadillo.
Pero los malos augurios no tuvieron lugar, la vuelta transcurrió entre risas y chanzas, Noa se cansó mucho de verdad pues no volvió a usar su magia, a pesar de lo cual dejó hecho un guiñapo a su tío, corriendo de un lado a otro con su enorme vitalidad natural. La noche llegó sin tormentas, y Noa soñó con maravillosas cascadas cristalinas, y viejos robles bromistas que le susurraban con sus hojas.
¿Le sacudo Noa? ¡Tú dime que yo le sacudo!
Pocos días después Noa puso a prueba el temple de su padre con una de sus ocurrencias, pero eso es parte del siguiente relato. Hasta pronto, y sed tan felices como Noa.