¡Qué bien se lo pasaba Noa con sus amiguitas!
En el colegio Noa tenía muchos amigos y era muy querida por todos, pues como era extraordinariamente lista para su edad, pronto acababa con sus tareas, y después ayudaba a todos los demás como si fuera su hermanita mayor. La profesora estaba encantada, pues con Noa tenía la mitad de trabajo. Aunque fuera muy traviesa en su casa, en el colegio era formal y siempre se portaba muy bien.
Las dos mejores amigas de Noa eran Maya y Licia, solía invitarlas a merendar con ella, y cuando hacía bueno su madre les ponía un mantel en el suelo del jardín. Ellas se ocupaban de poner tacitas de juguete, con sus platitos y hasta cubiertos, pero el zumo la fruta y las galletas eran de verdad.
-¿Me pones más zumo por favor?- pedía Maya alargando su tacita a Noa. Maya siempre pedía todo por favor, como le había enseñado su mamá. De pelo claro y ojos muy oscuros, Maya era una niña muy curiosa, que estando muy seria, era capaz de ponerse a reír a carcajadas en un solo instante.
-¡Qué buenas están las galletas!- decía Licia con el morrete embadurnado en chocolate.
-Pues come más que hay muchas- le animaba Noa tendiéndole una bonita caja de metal, llena de galletas.
-¡Qué bien, gracias!- Licia cogió la caja y observó detenidamente las galletas para elegir una buena. Su madre le había dicho que no abusara de los dulces, así que esta sería la última, no como las dos últimas anteriores, esta sería la última definitiva.
-¡Espantapájaros!- exclamaron las tres a la vez como Noa les había enseñado, cuando su padre pasaba con el sombrero de paja.
-¡Ji, ji, ji!- se reían todas escupiendo migas de galleta, mientras el hortelano ponía cara de enfado y les gruñía. Aunque lo cierto es que hacia grandes esfuerzos para no echarse a reír también.
Después de merendar, las tres amiguitas salieron corriendo a jugar en la huerta. El padre estaba arreglando la alambrada, pero como la huerta era muy grande y Noa muy traviesa, no se fiaba de que no les pasara nada. En aquel momento le entraron unas ganas enormes de estornudar.
-Seguro que ese gato gordo anda cerca- dijo buscando por allí al felino, y efectivamente estaba muy cerca, subido al enorme peral.
-Anda, baja de ahí y ve a vigilar a las chiquillas- le gruñó sonándose la nariz. Pero el gato sólo le observaba sin mover ni un bigote. Entonces acertó a pasar por allí su mujer, y sin ni siquiera mirar al gato dijo muy bajito:
-Glotón, las niñas- Y este saltó como un rayo de la rama, para acercarse sigilosamente a las tres pequeñas.
-¿Qué desgraciado soy!- se quejó amargamente el padre-.Ya no me hacen caso ni los gatos.
Así que las niñas jugaron a pillar en la huerta, pero con mucho cuidado de no pisar lo plantado, tal y como les había advertido el “espantapájaros” ¡Ji, ji!
Nada pudo impedir sin embargo, ni siquiera Glotón, que Maya se ortigara las manos sin querer, pues ella no sabía que aquellas plantas provocaban picores y ampollas. Los mayores no acudieron, porque Maya era muy valiente, y a pesar del dolor y el ardiente hinchazón, lloraba muy bajito sin armar escándalo.
-Dame la manita- le pidió Noa muy apenada al verla llorar-. Yo te la curaré enseguida.
Y cogiéndole la mano, se la untó con barro que había en una zona regada del huerto, y después le aplicó unas hierbas arrancadas bajo la higuera, con lo que Maya sintió un gran alivio y dejó de llorar.
Más tarde, cuando cada una tenía que irse ya a su casa, Maya se lavó la mano del barro para enseñarles a sus padres las ampollas, pero para su sorpresa su manita no presentaba ni la más mínima ampolla. Cuando en la cena se lo contó a sus padres, estos pensaron que se lo había imaginado, pero a Maya no le importó, pues estaba muy contenta de que no le doliera la mano.
-Muchas gracias por la merienda- dijeron educadamente las niñas a la madre de Noa.
-Muchas gracias por dejarnos jugar en la huerta- le dijeron también al padre de Noa, muy serias y sin llamarle espantapájaros. Curiosamente esto pareció decepcionar al hortelano.
-¡Hasta mañana bonitas!- se despidió él con cariño.
¡¡Qué bonito cuento!!
¡Muchas gracias Cesar!
¡Me han gustado todos los que he leído hasta ahora!
Ainhoa
amaya