Noa y la fogata.

Noa estaba emocionadísima, su padre le había dicho que aquella noche, encenderían una fogata en la huerta.

-¿Vamos a quemar la alfombra en la fogata papi?- le había preguntado Noa mientras comían.

-Por supuesto que no niña, ¿cómo se te ocurren esas cosas?- le preguntó con curiosidad.

-Pues porque el otro día tropezaste, y dijiste que ibas a quemar aquella maldita alfombra.

-Ya sabes que no me gusta que maldigas delante de la niña- intervino su mama enfadada.

-¡Pero si Noa no estaba por allí- protestó su padre. –Si mal no recuerdo estaba fuera persiguiendo a Glotón, seguro que me escucha con alguno de sus sortilegios.

-No digas tonterías, lo que ocurre es que cuando voceas se te oye a un kilómetro.

-¿Qué son sortilegios mami?

-No te preocupes por eso cariño, son ocurrencias de tu padre. Termínate la fruta y podrás ir a recoger palitos para la fogata.

En cuanto se lo permitieron, Noa salió de casa a buscar por la huerta y en los alrededores, cualquier palitroque por pequeño que fuera, para hacer una fogata lo más grande posible.

Así consiguió añadir a la leña que su padre había apilado, un montón de palos ramitas y cualquier cosa que se pudiera quemar. Podría haber sido una hoguera más grande, pero su padre rescató de la quema una pala y su azada.

-¡Pero niña, no me quemes las herramientas!- exclamó airado llevándoselas de nuevo al cobertizo.

De todas maneras el montón de leñas apilado era considerable, y su padre dijo que era más que suficiente para una buena fogata. Después de cenar y sin apenas dejar que oscureciera, pues su madre no quería que Noa fuera demasiado tarde a la cama, su padre procedió a encender la fogata con cerillas y unos periódicos viejos.

-¡Ya arde, qué calor da!- decía Noa entusiasmada dando saltitos.

-Mírala que nerviosa- le comentaba el hortelano a su mujer-, a ver quién le duerme esta noche.

Pero paulatinamente Noa se fue calmando con la vista fija en la hoguera. Sentía como si el fuego le hablara, le desvelara el enorme poder que contenía, y lo peligroso que podía ser para ella, pues aún era muy pequeñita.

Entonces Noa se levantó, escogió un puñado de piedras de un montón, que su padre había quitado de la huerta, y volviendo junto a la hoguera, las lanzó a ella ante la atónita mirada de sus padres

-Noa, las piedras no arden ¿lo sabías?- le preguntó su padre ante la ocurrencia de esta.

-Estas si que arderán papi- contestó y tras decirlo comenzó a soplar una repentina brisa hacia la hoguera, despeinando los cabellos de la niña y ocultando su carita concentrada.

La hoguera se puso a crepitar escandalosamente, y su color adquirió cada vez más intensidad. La combustión era tan concentrada, que parecía increíble que aquellos pocos maderos no se hubieran consumido ya.

-Creo que es suficiente cariño- dijo su madre sacando a Noa de su concentración, y cogiéndola en brazos se la llevó a acostar.

-Pero mami, están ahí, tengo que guardarlas- protestó.

-Lo harás mañana, ahora están muy calientes.

El hortelano les escuchaba confundido sin saber de que hablaban, y más perplejo se quedó aún cuando al irse Noa, el intenso fuego se apagó de repente, dejando sólo rojizos rescoldos.

Al día siguiente Noa salió corriendo de casa hacia dónde se habían quemado los leños, pero al llegar al lugar ya no quedaban ni rastro de las cenizas.

-¿Pero dónde están?- se preguntaba.

-¿Buscabas esto?- le sorprendió su padre a su espalda, agachándose y tendiéndole una cajita de madera.

Ella la cogió, miró en su interior, y allí estaban unas cuantas canicas cristalinas de preciosos colores. Su padre las había sacado de las cenizas y limpiado bien de hollín.

-¡Qué bonitas han salido papi! gracias por limpiarlas- le agradeció dándole un fuerte abrazo al cuello.

-¡Ala, vete a jugar con ellas! ¡Pero primero desayuna!- añadió cuando se alejaba dando saltos de alegría.

Nada de lo que hiciera Noa asombraba ya a su padre, excepto tal vez, lo que le conmovía cuando le daba un abrazo.

¡Hasta pronto!

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Una respuesta a Noa y la fogata.

  1. Ainhoa dijo:

    Ainhoa
    Amaya
    CESAR, ESTE CUENTO TAMBIÉN ME HA GUSTADO MUCHO

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