Noa y las truchas.

Noa era la niña más feliz del mundo, sus padres le habían dejado ir con sus tíos a pescar truchas, y aunque ella no sabía muy bien en que consistía eso, lo que si sabía es que con estos tíos estarían sus hijas Silia y Mar, que aunque eran mayores que ella, la querían mucho y lo pasaba genial con ellas.

-Hola primita- le dijeron cogiéndola en brazos y dándole besos.

-Estás creciendo muchísimo- sentenció Mar.

Tras los saludos montaron en el coche para ir al lugar de pesca, pero no antes que la mamá de Noa la aleccionara.

-Cariño pórtate bien y no hagas “cosas extrañas”- le susurró al oído-, y deja aquí la pulsera que nos conocemos.

El viaje fue corto, y pronto llegaron al lugar escogido por sus tíos para pescar, era un sitio precioso lleno de retorcidos árboles, por entre los que corría un riachuelo no muy grande, pero que bajaba rápido y ruidoso. Sus primas le enseñaron un bonito prado de alta hierba que ya conocían, era un lugar de ensueño, adornado con miles de flores campanillas y botones de oro, abundaban también mariposas amarillas, marrones, y otras de un intenso color violeta menos numerosas, pero eran las que más gustaban a Noa.

-Seguro que el cielo es muy parecido a este sitio- dijo Silia sonriente, para su edad era una jovencita muy filosófica y soñadora.

Todos estuvieron de acuerdo con ella, y durante un buen rato pasearon, corrieron, y saltaron en aquel trocito de cielo con una felicidad tan simple y pura, que no pudieron imaginar que hubiera nada mejor, incluso los tíos parecieron rejuvenecer y convertirse en niños, riendo y jugando con ellas en el prado. Pero mucho más rieron las niñas cuando al tío de Noa le dio por ponerse a cantar, no porque cantara mal pues tenía una voz grave y hermosa, sino por las posturas y muecas ridículas que ponía.

-¡Ji, ji! Mira el tío parece un oso loco- se reía Noa escandalosamente.

-¡Ja, ja!- se reían también sus primas- ¡Pero papá!, ¿es que no tienes vergüenza?

La tía de Noa también reía, encantada de que su marido no dudara en volver a ser niño otra vez, en cuanto encontraba ocasión.

-Vamos cariño deja de hacer el ganso y ayúdame a preparar el almuerzo- le pidió la tía aguantándose la risa.

Mientras almorzaban no hablaron mucho, era muy agradable saborear la deliciosa comida mientras se escuchaba el rumor del río, el canto de los pájaros, y la brisa en las copas de los árboles. Disfrutando tanto sin ningún esfuerzo, Noa se preguntaba porqué aquellos lugares no estaban llenos de gente.

-Y ahora ¡a pescar!- exclamó su tío interrumpiendo sus cábalas-, seguro que hoy pican unos cuantos.

-¿Puedo pescar yo también?- preguntó Noa curiosa.

- Claro, yo te enseñaré, primero prepararemos la caña- contestó, y cogiendo los aparejos le dio la mano, y fueron al río acompañados por las primas. Su tía se quedó tumbada en el prado, pues estaba muy cansada.

Sentados a orillas del río, su tío le iba explicando detalladamente como preparar la caña, mientras ella se quedaba muy quieta asintiendo, aunque realmente no entendía casi nada.

-Listos Noa, vas a ver en acción al mejor pescador del mundo- aseveró su tío, a pesar de que las risitas de sus primas ponían en duda esas afirmaciones. Sin embargo aquel día las truchas eran abundantes y estaban hambrientas, por lo que no tardaron en picar. En cada captura sus primas aplaudían y su tío hacía payasadas muy contento, tras lo cual, introducía los peces por un agujero practicado en la tapa de su cesta.

-Tío, ¿qué vas a hacer con los peces, cuando los vas a soltar?- preguntó Noa tras varias capturas.

-Los peces no se sueltan Noa- sentenció su tío-. Los llevaremos a casa y los cocinaremos para cenar.

Noa se le quedó mirando esperando a que se pusiera a reir por la broma, pero su tío no se rió en absoluto.

-Lo siento mami, pero tendré que hacer una “cosita”- murmuró Noa, y tras concentrarse tocando la cesta del pescado, se fue a jugar con sus primas, anunciando a su tío que ya no tenía ganas de pescar.

A su tío no le extrañó mucho que Noa prefiriese jugar con sus primas que pescar, lo que si le extrañó al llegar a casa de sus cuñados, e irles a enseñar las truchas pescadas, es que en la cesta no hubiera mas que mariposas que echaron a volar en cuanto abrió las tapa.

-¿Pero dónde están mis truchas?- exclamó incrédulo-¿qué misterio es este?

Desde luego no era ningún misterio para los padres de Noa, que ya observaban atentamente a la niña, mientras esta bajaba la vista al suelo y se metía un dedito en la boca.

-Noa eres una niña muy traviesa- le dijo su madre cuando se fueron sus queridas primas y sus tíos. Pero para sorpresa y alegría de Noa, su madre no estaba enfadada ni le castigó.

Y así acabó el mágico día de pesca de la dulce Noa. Hasta pronto.

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Una respuesta a Noa y las truchas.

  1. Ainhoa dijo:

    Ainhoa
    AmAyA
    NOA
    CESAR

    Me ha gustado mucho lo de que se han ido a pescar

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