El poder del corazón.

-¡Mmmmfff…!- se aguantaban las risas el hortelano y el abuelo Etor. El gato estaba de lo más ridículo, Noa le había puesto en la cabeza una cofia blanca con lacitos rosas, y en el extremo de sus patas delanteras unos patucos de lana de sus muñecas. Todo esto mientras masticaba chicles de limón que Noa le procuraba, las muecas que el felino hacía al masticar, mezcla de placer y repulsión eran asombrosamente parecidas a las que haría cualquier ser humano.

-Estás guapísimo- le decía la niña- Ahora te pondré esta pulserita en la cola para que la tengas más bonita.

Pero aquello fue demasiado para Glotón, unos chicles no valían tanta humillación, y de tres grandes saltos se plantó inalcanzable en lo alto del peral.

-¡Ven aquí gato malo, que aun no te he puesto la faldita!- le regañaba Noa muy enfadada por quedarse sin maniquí.

-¡Ja, ja, ja!- se reían el hortelano y Etor sin poder ya contenerse.

-No se quién tiene más alergia, si yo al gato o este a Noa- murmuraba su padre mientras se secaba los ojos- Pero dime Etor ¿A dónde vas tan elegante y perfumado?

Efectivamente el abuelo iba muy repeinado, con camisa blanca y pantalones nuevos, los zapatos negros le brillaban como espejos, aparte de su viejo reloj de pulsera, todo el resto de su indumentaria parecía recién comprada.

-He invitado a Laura a tomar el té en la cafetería- explicó el abuelo poniéndose muy tieso, como si le fueran a inspeccionar- espero estar a la altura, iba a llevar incluso corbata, pero tu mujer me ha dicho… Perdón quiero decir me ha ordenado tajantemente quitármela, dice que resultaría excesiva para tomar té en el pueblo en día de labor.

-Me lo imagino- sonreía el hortelano, aquel día estaba resultando de lo más divertido- te ha pasado revista y te ha cambiado hasta los calcetines con rapapolvo incluido.

-Efectivamente, y me ha llamado “pedazo de pringao”, pero no sé que significa- y tras oír la carcajada del hortelano añadió- ni quiero saberlo.

-La hija viste al gato y la madre al abuelo- murmuraba el hortelano- habrá que ponerse en guardia.

En ese momento apareció Laura en la huerta, estaba espléndida con un vestido blanco que a juego con su pelo flameaba en la brisa. La sonrisa blanca igual que su tez, libre ya de la mayor parte de las arrugas que la marcaban hasta ahora, la hacía parecer un níveo y dulce ser angelical.

-No estoy lo bastante bien- aseguraba Etor mirándola embelesado- necesito la corbata, y veinte años menos.

-Tranquilo hombre que no te va a fulminar.

-¿Me lo prometes?

-Buenas tardes caballeros- saludó ella al llegar a su lado.

-Buenas tardes señorita Laura, está usted preciosa- contestó Etor muy tieso- pero no tendría que haberse molestado en venir, había pensado en ir a buscarla.

-Gracias Etor, pero he preferido venir yo y de paso saludar a Noa, si no te molesta.

-¡Por supuesto que no!- adujo Etor- ahí está la pequeña, seguro que se alegra de verte.

Efectivamente, Noa al verla corrió riendo hacia ella, y saltando a sus brazos dieron un montón de alegres giros como si ambas fueran niñas, y como una niña Laura se sentó en la hierba mientras Noa le enseñaba sus collares y pulseras con exagerados aspavientos.

-¿No son maravillosas?- comentó Etor con una sonrisa de oreja a oreja.

-Sin duda- afirmó el hortelano- parece increíble que unas simples palabras de Noa, pudieran convertir al instante a una persona tan desagradable, en una encantadora dama ¡Pero si incluso le han desaparecido las arrugas de la cara!

-Cierto- estuvo de acuerdo Etor- ya te dije que yo no había venido a enseñarle a Noa, sino a aprender.

-¿Y qué te ha enseñado en esta ocasión?

-¡Me ha mostrado el mismísimo sentido de la vida!- respondió con enorme regocijo- me ha enseñado que en el corazón de todos anida la bondad, y para encontrarla solamente hace falta algo tan fácil y a la vez tan difícil, como es, mirar en tu interior.

-No lo tengo muy claro- replicó el hortelano.

-Fíjate en Laura, dura y amargada durante décadas, incapacitada para tener un buen sentimiento, sin embargo solo necesitó que un ser inocente como Noa, le mostrara que ella realmente tenía un corazón pleno de bondad. Cuando Laura se percató y liberó esa bondad lloró por haber desperdiciado algo tan maravilloso durante tantos años, y rió por librarse de la amargura y la soledad ¡Mírala! Ahora es feliz, ahora da amor y lo recibe multiplicado, ahora es una reina llena de vida. Por fin ha abierto los ojos al mundo y lo disfruta.

-No cabe duda de que tus revelaciones son impactantes e irrebatibles, me darán que pensar- observó el hortelano rascándose la barba- ¿Crees que yo estoy por descubrir mi bondad interior?

-¡Jo, jo, jo!- se rió el abuelo- Tú ya eres bondadoso amigo mío, lo que ocurre es que como lo has sido siempre, no lo sientes de una manera tan drástica ¡Pero cuidado! Hemos de vigilar que no se nos cierre el corazón, y si es posible, abrirlo un poco más.

No pudieron seguir filosofando, pues Laura que ya se había despedido de Noa llegó hasta ellos.

-Ya nos podemos ir si te parece bien Etor.

-Será un enorme placer- contestó él ofreciéndole el brazo.

-Sin duda la bondad es extraordinariamente poderosa si ha cambiado a Laura de esta manera- murmuraba el hortelano mientras les veía alejarse.

-¿Sabes que eres tan guapa como mi primera mujer?- le comentaba Etor a Laura.

-¿Has estado casado?

-No.

-¡Tontorrón!

 

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