Noa estaba muy quieta tumbada en la hierba, ni siquiera pestañeaba, no perdía detalle de la increíble fuerza de las hormiguitas ¿Cómo ellas siendo tan pequeñitas podían arrastrar un escarabajo tan gordo? Para colmo de males el escarabajo se les había atascado en unas hierbas.
-¡Pero tontas, tirad todas del
mismo lado!- les decía muy divertida con sus maniobras. Las hormigas continuaban incansables tirando cada vez más fuerte, tanto que la hierba se dobló y catapultó al insecto a unos centímetros de las hormigas. Pero ¡Sorpresa! El escarabajo no estaba muerto, y al verse libre de sus captoras corrió a esconderse.
-Si no huyes más lejos te encontrarán ¡Este es más tonto que las hormigas!- opinó Noa intentando alejarlo del peligro con un palito.
Noa había estado viendo en la tele dibujos animados de una abejita muy bonitos, pero no era menos divertido ver los insectos reales en el jardín. Su madre le había dejado una enorme lupa, con ella podía ver asombrosos detalles en los bichitos, dotados de extraños apéndices, antenas e incluso cuernos.
-¡Huy que susto!- exclamó poniéndose en pie de un salto. Una araña verde de campo se había puesto ante la lupa de repente, provocando a la niña un tremendo escalofrío.
-¿Qué estás haciendo Noa?- le preguntó su padre al verla dar pisotones en la hierba.
-Aplastando una araña malísima y fea – le contestó ella entre jadeos sin dejar de pisotear.
-¡Pero Noa, no mates las arañas del jardín- ¿No ves que ellas se comen montones de bichos malos para nosotros?
-¿Y por qué mataste tú la de la cocina?
-Eso es diferente, dentro de casa pueden ser molestas- le explicó su padre arrepintiéndose de haberla reñido- Pero las que están en el campo, evitan que se propaguen plagas de mosquitos y otros insectos perjudiciales ¿entiendes?
-Si, pero dan un poco de asquito.
-¡Ja, ja! Es cierto que algunas son bastante feas- reconoció divertido su padre- pero aparte de eliminar bichos malos, también hacen cosas asombrosas ¿ves este paño?- dijo cogiendo de la cajita, el precioso pañuelo con que se envolvía la lupa para que no se estropee.
-Es muy suave y brilla.
-Pues está hecho de la seda de un gusano, muy parecida a la que usan las arañas para crear sus asombrosas redes.
-Pero las telarañas se rompen fácil, y este pañuelo es muy fuerte- adujo Noa tensando el pañuelo con sus manitas.
-Cierto cariño- convino el hortelano sin dejar de asombrarse una vez más por la perspicacia de su pequeña- El truco está en juntar muchísimos hilitos de seda, el resultado son hebras cada vez más fuertes y consistentes, si se juntaran muchas incluso yo podría colgarme sin romperlas.
-Entonces no volveré a matar arañitas del campo- afirmó Noa tras pensárselo un rato. Pero no tardó en olvidarse del asunto, pues en ese momento aparecieron en el jardín sus primas Mar y Silia, tan guapas y sonrientes como siempre le abrazaron y dieron un montón de besos.
Tras los saludos, los padres de Noa merendaron con sus tíos en casa, y las tres primitas lo hicieron en el jardín, como acostumbraban cuando el tiempo lo permitía. Silia y Mar hablaban muy emocionadas ya que se acercaba su primera comunión. Habría sin duda una gran fiesta.
-¿Y llevaréis trajes como de princesas?- les preguntó Noa ilusionada.
-Pues no, iremos con ropa nueva pero normal- le explicó Mar- A nuestros padres les parece un derroche comprar vestidos para un solo día.
-Pero a mí me hubiera gustado llevar un vestido de comunión- confesó Silia cabizbaja- Aunque fuera uno sencillo y no muy caro.
-¿Tú no quieres llevar vestido?- preguntó Noa a Mar.
-¡Claro que sí! Pero es cierto que para un solo día son muy caros- reconoció Mar- A mí me habría gustado uno blanco de seda como una novia, con bonitos encajes y piedras brillantes.
-¿Son de seda los vestidos de comunión?- indagó Noa con los ojos muy abiertos.
-Los más bonitos sí, pero también los más caros- afirmó Silia.
-Entonces jugaremos a hacer sedas- se entusiasmó Noa dando saltitos.
-¿Y como se juega a eso?- preguntaros Silia y Mar a la vez.
-Tenéis que estar de pie quietecitas con los brazos abiertos- y tras pensarlo un poco añadió- Y con los ojos vendados.
Sus primas accedieron curiosas por descubrir el nuevo juego de Noa, y tras serles vendados los ojos permanecieron de pie con los brazos en cruz entre risitas. Primero sintieron un aire cálido que parecía llegarles de todas partes, y después unas cosquillas muy agradables por todo el cuerpo.
-¿Qué haces Noa, podemos quitarnos ya las vendas?- preguntó Mar, pues después de un rato empezaba a aburrirse.
-¡Espera, espera, ya casi está!- exclamaba Noa emocionada.
Los mayores decidieron salir al jardín algo preocupados para ver que hacían las niñas, los gritos eran ya demasiado escandalosos incluso para ellas. Cual fue su sorpresa al verlas dando vueltas cogidas de la mano, entre risas y lágrimas Mar y Silia danzaban luciendo unos maravillosos vestidos de seda con intrincados encajes y bordados perfectos, el tejido brillaba deslumbrante al sol, y lo más increíble si lo hubieran examinado, es que no tenían ni una sola costura.
-Esta niña… A ver como explicamos esto- murmuraba el hortelano observando desde el umbral de la puerta.
-Tranquilo cariño ya se te ocurrirá algo- le susurró su mujer al pasar a su lado.
-¡¿A mí?!
Hasta pronto.