Noa y el Príncipe de la Luz

El hortelano estaba más que harto, casi a diario se cruzaba con la misma estampa, Oscar el muchacho con síndrome de Down, huyendo a tropezones del insufrible y escandaloso Canelo, el perrillo pinto, cabezón, ¿de qué raza?, nadie lo sabía.

El hortelano estaba más que harto de ver al pobre Oscar con el mismo miedo pintado en la cara, sus ojos angustiados, la boca una osca linea perfilada por la tensión, encorvado, cabizbajo, incapaz de intuir siquiera que la única intención de Canelo era jugar.

El hortelano estaba más que harto de encontrarse con una piedra en la mano, ¿la he cogido yo?, pero sin decidirse nunca a espantar al perrillo, esperando, deseando que llegara el día en que al fin Oscar se defendiera o entendiera que los anhelos de Canelo eran unas caricias tras sus orejotas.

Por eso la sorpresa del hortelano fue mayúscula el día en que vio acercarse a un Oscar primoroso, caminando erguido con paso seguro, la cabeza bien alta, su enorme mentón había pasado de ser un defecto a un rasgo de gran poder. Canelo hoy no le ladraba, simplemente caminaba a su lado observándole curioso, no acertando a adivinar si este era el mismo muchacho miedoso de todas las mañanas.

Fue también una sorpresa cuando a la mañana siguiente se presentó la madre de Oscar en su casa con una gran caja de bombones.

Son para Noa, espero que le gusten.

- Gracias pero no era necesario- contestó la mamá de Noa apartando al boquiabierto hortelano, ella no parecía sorprendida ni mucho menos.

- Es lo mínimo, nunca podré agradecerle lo que ha hecho por mi hijo.

- ¿Le importa decirme que es lo que ha hecho Noa esta vez?- preguntó intrigado el papá de Noa.

- Bueno, ¡lo cierto es que no lo sé!- exclamó alegremente la mujer- Lo que si sé, es que hace unos días vi como Noa se acercaba a Oscar en el parque y tras un buen rato hablándole al oído, mi hijo pareció iluminarse, ambos se levantaron muy firmes y se hicieron una solemne reverencia. Desde entonces Oscar no se asusta, ya no duerme con la luz encendida, se ha vuelto más amable e incluso sonríe…- se interrumpió emocionada y sollozando.

- ¿Saben qué ocurrió ayer?- continuó ya calmada y con los ojos inundados de felicidad- Ayer antes de acostarse vino y me dio por primera vez un beso ¿No es maravilloso?

Más tarde, cuando la mamá de Oscar ya se había marchado, Noa regresó del colegio alegrándose mucho con los bombones, y no tardando en tener la carita maquillada de cacao. El alegre banquete de la pequeña fue aprovechado por su padre que estaba de lo más intrigado.

- Dime Noa ¿qué le dijiste a Oscar en el parque?

- Pues…- intentaba recordar la niña mientras examinaba el relleno de un bombón- ¡Ah sí! Le conté quien era en realidad.

- ¿Quién era?- insistió el hortelano cada vez más confuso.

- ¿Es que tú no lo sabes?- replicó la niña sonriendo con un extraño brillo en los ojos, y sin esperar respuesta le contó el secreto- Antes de que naciéramos se pidió voluntarios entre los ángeles para un importante trabajo, encarnarse en seres especiales entre la humanidad. Pero los ángeles dudaban, pues aunque se les prometió una importante recompensa, también se les dijo que estos seres podrían tener serias dificultades, y lo peor, en muchos casos serían despreciados e incluso maltratados por sus propios hermanos. Fue entonces cuando se presentaron los príncipes de la luz, los ángeles más bondadosos y audaces de todos. Ellos aceptaron el reto con valentía, y ahora padecen en la vida desconociendo que su destino es maravilloso.

Entonces comprendió el hortelano, comprendió el asombroso cambio de Oscar, comprendió que la sabiduría de Noa era tan inocente y poderosa como el mar, y también supo que ese día no podría regañar a su hija por comer tantos bombones.

La historia no tardó en extenderse. Desde entonces Oscar es saludado por todos sus vecinos con una respetuosa inclinación de cabeza, él levanta la mano sin pararse, muy serio y majestuoso, pero sus ojos sí sonríen, llenos de felicidad pues sabe que el futuro será maravilloso. El ahora sabe que es un valiente y poderoso Príncipe de la Luz.

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