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Cuento de una noche de verano

Hacía calor. Un calor sofocante. Hacía ya varias horas que el sol se había ocultado tras la tarde más larga y calurosa del año, y yo seguía sin poder dormir, contemplando las mariquitas que se habían posado en mis lechugas para darse un buen banquete a base de pulgones.

(Continuará…)

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2 respuestas a Cuento de una noche de verano

  1. solfas says:

    Las mariquitas, que yo sepa, son diurnas (solo comen de día)

    • Roberto says:

      Sí, pero el relato no dice que las mariquitas estuvieran comiendo en ese momento, sino que se habían posado en las lechugas con la intención de comer (tal vez han comido ya, o tal vez no han empezado, o ni siquiera hay pulgones aunque ellas pensaran que sí los había).
      Por otro lado, es posible que las varias horas trascurridas desde que se puso el sol sean suficientes como para que sea de nuevo de día.

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