La vida en el suelo – Interesantísimo documental producido en Japón

Un vídeo que no nos podemos perder:

Se trata de un documental, no por muy veterano menos interesante, que nos muestra lo que no podemos ver del suelo sin el uso de un microscopio. El suelo no es solo un material inerte que utilizan las plantas para mantenerse en pie, tal y como en algunos ámbitos han estado empeñados en querernos enseñar. El suelo es un organismo vivo formado por infinidad de seres que interactúan entre sí, y del cual nos queda muchísimo por descubrir.

Aunque la imagen y el sonido no es de muy buena calidad, precisamente por su veteranía, espero que lo disfrutéis tanto como yo cada vez que lo veo.

Catedráticos y expertos dan la alarma al gobierno sobre el agravamiento de la crisis energética

En el pasado mes de septiembre de 2012, numerosos expertos en temas energéticos se juntaron en la Universidad de Valladolid a raíz de un curso sobre “El futuro de la energía, avances tecnológicos y prospectiva”.

Como resultado de dicho curso, además de los Vídeos de las entrevistas a los participantes y la Documentación, resúmenes y audios de las charlas, surgió una Carta abierta al presidente del gobierno, firmada por una larga lista de catedráticos, profesores universitarios, y expertos en diferentes materias relacionadas con la energía, la economía, la ecología o la agricultura, y apoyada por innumerables personas y colectivos preocupados por un futuro cada vez más incierto. En ella se insta al Gobierno a fomentar y apoyar la investigación y uso de energías renovables, promover la eficiencia y el ahorro energético, y dar un brusco giro de timón hacia un modelo energético que no dependa de contaminantes y finitos combustibles fósiles y nucleares, haciendo especial hincapié en lo absurdo de dedicar esfuerzos y recursos a desarrollar la extracción de combustibles fósiles de difícil accesibilidad por medio de peligrosas técnicas como el fracking o fracturación hidráulica.
Se advierte también de la gran responsabilidad del modelo agroindustrial en la emisión de CO2 y gases de efecto invernadero, frente al secuestro de CO2 que produce el modelo agroecológico.

Reproduzco aquí la información publicada en la web de la Universidad de Valladolid, con cantidad de documentos y vídeos muy interesantes:

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La crisis actual pone de manifiesto el fracaso del modelo agro-industrial

Creo que antes de comenzar a hablar de técnicas de manejo del suelo, es importante que reconozcamos el contexto en el que nos encontramos, lo que nos ha llevado hasta él, y posibles vías de escape que se abren hoy en día ante nosotros.

A lo largo del pasado siglo XX, y gracias a la utilización masiva de energía procedente de materiales fósiles, y por lo tanto limitados y no renovables, se produjo la llamada revolución verde. Dicha revolución no fue otra cosa que un proceso de industrialización de la agricultura, que permitió que un solo agricultor pudiera trabajar mucha más superficie, y pudiera producir mucho más alimento.

A lo largo de todos estos años de industrialización de la agricultura se han conseguido grandes cosas:

  • Potentes máquinas que permiten voltear la tierra a gran profundidad. Dichas máquinas también han permitido trabajar tierras que hasta entonces eran inviables para el cultivo. El agresivo laboreo de la tierra, a su vez, ha producido la muerte de los microorganismos presentes en el suelo, y la des-estructuración del suelo. Además, ha sido muy habitual que los tractoristas volteen la tierra hacia la parte de abajo de las pendientes, por suponer un menor esfuerzo para el tractor, con lo que año tras año la capa más fértil del suelo ha sido literalmente tirada, como si fuera basura, a los cauces de agua o fincas situadas a más bajo nivel. También hay que tener en cuenta que para hacer esos trabajos que requieren de más potencia las máquinas más potentes cuestan más, consumen más, y contaminan más.
  • Eficaces insecticidas que permiten mantener el cultivo libre de plagas. De paso, también elimina a la fauna auxiliar que en un ecosistema natural equilibrado se encarga de mantener a las especies consumidoras de los cultivos en niveles aceptables, evitando que se conviertan en plagas. Los insecticidas también pueden llegar a contaminar peligrosamente zonas alejadas de los cultivos, a través del aire o de los acuíferos.
  • Eficaces herbicidas, fungicidas, y todo tipo de biocidas, que permiten mantener el cultivo libre de “malas hierbas” y otros seres “indeseables”. El uso de herbicidas ha supuesto una gran fuente de contaminación, que ha colaborado eficazmente con la desaparición de biodiversidad, el desequilibrio de los ecosistemas, y la aparición de plagas difícilmente controlables. La aniquilación de muchos hongos y microorganismos del suelo supone un menor acceso de las plantas a los recursos del suelo, y una menor protección contra posibles enfermedades.
  • Garantías en la calidad de la semilla. Las grandes multinacionales han conseguido que sus semillas sean las que utilizan la mayor parte de los agricultores en el mundo. Dichas semillas, en la mayoría de los casos están patentadas o no se pueden reproducir por motivo de esterilidad de la planta cultivada, o de hibridación que impide el mantenimiento de la variedad. En muchos casos, los gobiernos han fomentado el uso de esas semillas a través de las subvenciones solamente en casos de utilización de semilla “certificada”. De esta forma se ha conseguido que la mayoría de los miles de variedades locales se hayan perdido, para sustituirlas por unas pocas variedades que no se pueden reproducir: es decir, el agricultor es ahora totalmente dependiente del proveedor de semillas. Las multinacionales dedicadas a la venta de las semillas, de paso, y gracias al trabajo de muchas generaciones de agricultores que han ido trasmitiendo y adaptando variedades a las condiciones de su entorno, han guardado infinidad de esas variedades locales para poder ir sacando en el futuro nuevas semillas patentadas.
  • Parcelación en grandes fincas, lo que permite facilitar el laboreo, y eliminar toda la maleza que pudiera existir entre las antiguas parcelas más pequeñas. Esto ha permitido que una gran parte de la fauna auxiliar, que mantenía los cultivos libres de plagas (con niveles aceptables), haya desaparecido. También ha facilitado que los cauces de agua sean más rectos, lo que permite que el agua corra rápidamente ladera abajo arrastrando suelo, pudiendo provocar inundaciones con mayor facilidad, e impidiendo que la tierra tenga tiempo de absorberla para que la aprovechen las plantas.
  • Grandes ingresos para el agricultor. El terreno de 100Ha que antes era trabajado por 50 o más agricultores, pasa a ser explotado por uno solo. Además, ese agricultor consigue unas producciones por Ha superiores a las que se conseguían antes. A pesar de que los 49 o más agricultores que ya no trabajan la tierra pueden dedicarse a realizar otros trabajos, en caso de que encuentren otros trabajos productivos que hacer, el agricultor que ha quedado vende una producción superior a la que vendían anteriormente, pero a un precio que le es impuesto por los intermediarios, y obtiene unos ingresos que en su mayor parte van a parar a grandes multinacionales que se dedican a la fabricación de maquinaria agrícola, a la producción de gasóleo, abonos químicos, insecticidas, herbicidas, y otros insumos. El balance final resulta muy desfavorable para la economía local.

Llegados a este nivel de industrialización y dependencia absoluta del petroleo, nos encontramos en un punto que ya algunos predijeron hace bastantes años, en el que el volumen de petróleo que somos capaces de extraer por unidad de tiempo empieza a decaer, lo que se suele denominar como pico del petróleo o “peak oil”, mientras que la demanda sigue aumentando. Esto solo puede provocar, como ya lo ha hecho y lo seguirá haciendo, subidas en el precio del petroleo. Este es uno de los motivos por los que muchos agricultores, convencidos del modelo agrícola basado en el uso del petróleo, se ven obligados a buscar nuevas formas de producir que les resulten rentables.

Por otro lado, la industrialización de la agricultura ha llevado a muchos terrenos a la total esterilidad de sus suelos, haciéndolos prácticamente incultivables y desérticos. Esto es debido tanto al laboreo, como a los tratamientos químicos que han dejado el suelo sin microorganismos que faciliten el establecimiento de las plantas. También la forma en la que se ha modificado el terreno, fomentando la reorganización de parcelas en otras más extensas y arables, y descomponiendo las infraestructuras naturales para la regulación de los flujos de agua, han contribuido a esta desertificación y eliminación de la vida en el suelo.

Uno de los motivos para empezar a utilizar técnicas agrícolas menos dependientes de los insumos externos, aparte de los ecológicos, evitar la contaminación, fomentar la biodiversidad…, es que la agricultura convencional basa su modelo de negocio en el uso de energías fósiles (gasóleo, abonos, insecticidas, herbicidas… procedentes del petroleo). Cada vez hay más agricultores convencidos de que es mejor practicar una agricultura menos agresiva con el medio ambiente. A pesar de que aún muchos agricultores siguen confiando en el modelo industrializado, la mayoría de ellos se están empezando a replantear el practicar métodos de la agricultura ecológica porque, ante la llegada del pico del petróleo, con la consiguiente subida de precios de los insumos, el negocio de la agricultura convencional se hace insostenible económicamente (además de que ya era insostenible ecológicamente).

Pronto todos los cultivos serán más ecológicos, en gran parte obligados a buscar la rentabilidad y obligados por normativas, pero espero que también por concienciación de productores y consumidores.

Edafocultura: un nuevo paradigma para la agriculturaEdafoculture: a new paradigm for agriculture

La edafocultura (del griego, ἔδαφος, edafos, “suelos”, y del latín, cultūra «cultivo, crianza») parte de la base de que en un suelo sano y vivo es mucho más fácil que crezcan plantas sanas y saludables. La edafocultura, por tanto, se centra en el cultivo del suelo, dejando como secundario el cultivo de las plantas. Aunque el objetivo final para algunos pueda ser obtener plantas, y para otros pueda ser obtener animales u hongos, el método en todos los casos para llegar a ese objetivo es cultivar el suelo. La planta crece y luego desaparece, mientras que el suelo permanece por mucho más tiempo. En lugar de invertir esfuerzos y bienes en una sola cosecha de plantas, es mejor invertir en mejorar el suelo, y por tanto en muchas generaciones de plantas. El suelo debe ser el capital más preciado del agricultor.

Hay técnicas que permiten mejorar muchísimo el suelo, aumentar la fertilidad y evitar la erosión que se lo lleva aguas abajo, al contrario que las técnicas que se están utilizando actualmente de forma generalizada que consiguen contaminarlo, erosionarlo, …destruirlo.

En esta web de edafocultura se tratará sobre todo tipo de técnicas que puedan mejorar el suelo, y sobre las que lo puedan empeorar.