Presentación de Agusti Miro

– Lo que he hecho hasta ahora, y donde –


Nacido y criado en Barcelona, he tenido la suerte de disfrutar de una larga experiencia internacional. He estado viviendo en Estados Unidos durante más de 23 años y desde allí he visitado y trabajado en 21 países de Latinoamérica, Europa y Asia, haciéndome entender en inglés, francés, español, italiano, catalán y portugués.

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Esta experiencia internacional, enfocada a las industrias de turismo, hotelería y transportes me ha permitido poco a poco ponerme a las espaldas una mochila con lo aprendido durante la dirección de más de 125 proyectos, la creación de empresas, el desarrollo de estrategias y la implementación de nuevas capacidades de negocio como emprendedor, gerente de alta dirección y socio de consultoría.

 

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Después de todas estas vueltas por el mundo, finalmente me di cuenta que mi ciudad originaria, Barcelona, es la que más me gusta del mundo y aquí estoy de vuelta. El mundo rodarás y a casa volverás dicen, ya veis ….

 

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Y ahora y aquí, me gustaría compartir algunas de mis impresiones y experiencias profesionales y personales recogidas por esos mundos de Dios y en particular en Estados Unidos, país mucho más extraño y alejado de la manera de ser mediterránea y europea de lo que podríamos pensar. Voy a hacerlo por ciudades en las que he vivido mezclando un tanto de biografía, de extrañezas y de cómo recargaba las pilas emocionales.

 

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Agusti Miro en Toronto

Toronto


Sí, Toronto en Canadá es una gran ciudad, país del cual es el motor económico (con el permiso de Quebec y de los estados del oeste que votarían por Vancouver). Según mi experiencia, la ciudad recoge ,como también lo hace el resto de Canadá, todo lo bueno del nuevo mundo con la energía, independencia y determinación de la gente. Al mismo tiempo, también tiene una buena influencia europea, más de lo que pensaríamos antes de llegar.

Así, y generalizando mucho, la gente es más educada, interesante y completa que sus vecinos del sur de los que los canadienses se quieren diferenciar a toda costa. De hecho todo canadiense después ya de estar cómodos y con una cervecita en la mano te explicará que Canadá es el único país de mundo que ganó una guerra en Estados Unidos (se olvidan de Vietnam claro). Fue de 1812 a 1814, una guerra inesperadamente cruel que comenzó cuando los nuevos Estados Unidos invadieron Canadá, que aún era colonia británica.

La misma Toronto (que entonces se llamaba York) fue saqueada y prácticamente destruida. Para sorpresa de los Estados Unidos los colonos locales, (a los que la corona británica trataba exquisitamente desde la independencia de los vecinos del sur) organizaron milicias armadas y se resistieron con toda energía, y fueron apoyados rápidamente por tropas británicas, tribus locales e incluso ex-esclavos negros que habían escapado de los americanos. No fue un buen principio por expansionismo de los Estados Unidos, después aprendieron a hacerlo mejor.

En Toronto se vive bien y, a pesar de estar un poco más al norte que Chicago las temperaturas no son tan extremas, debido a que el viento de norte a sur y en Chicago pega bien fuerte tras haberse enfriado en extremo con el contacto con el lago Michigan completamente helado. Frío si, y mucho, pero no la locura de Chicago. Pasear por Queens Road y Kings Road con sus tiendas estrafalarias, de decoración de vanguardia, cafés llenos de peña de todo tipo y colores y punks al más puro estilo londinense siempre me daba energía. Comentar con la camarera del barrio las ventajas de cada tipo de cerveza artesanal también y disfrutar de ir al mercado y a comer a uno de los tres chinatowns siempre me hacía sonreir.

 

     

 

otras ciudades con estancias largas e importantes experiencias han sido Osaka, Río de Janeiro, Bogota, Salvador de Bahía, Atlanta, San Diego, Hong Kong …

 

Agusti Miro en Houston

Houston


Houston fue toda una sorpresa, y bien positiva. Es una ciudad vibrante, sorprendentemente internacional, llena de gente de 30 a 50 años debido a que es la capital mundial de las industrias petroleras y de los servicios industriales que le dan soporte.

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Houston está en Texas y en parte es una ciudad tejana, pero no totalmente. En el estado hay tres grandes ciudades que juegan papeles muy diferentes, Dallas más al norte es puramente tejana, menos variada y más de derechas. Austin más al sur con su gran universidad es más bohemia, gamberra y relajada. Houston es el Texas rico, que no sabe lo que es la crisis, internacional, muy americano pero totalmente consciente de la importancia de ser el centro mundial petrolero.

 

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La ciudad ganó en sofisticación, variedad y cultura después del huracán Katrina en 2005 que arrasó Nueva Orleans, pues buena parte del mundo cultural y artístico, harto de las condiciones tercermundistas de su antigua ciudad (y no exagero para nada), se quedó en Houston. El resultado es que hoy en día en un bar sencillito, no necesariamente demasiado fino, puedes oir el mejor jazz de los Estados Unidos, así en plan música de fondo. El marisco, la comida cajún, el picante… todo esto se ha quedado y ha enriquecido mucho la ciudad.
En Houston me encargué de la apertura, desarrollo y gestión con éxito de la nueva oficina de la compañía de “Executive Search” Seeliger y Conde, donde como socio y me enfoqué a facilitar la expansión de empresas europeas en los Estados Unidos, terminando con una buena red de clientes y ejecutivos bien satisfechos. Fue una muy positiva exploración de una industria donde van a parar buena parte de los consultores estratégicos y de la gente muy bien relacionada y con buenos apellidos.

 

El trabajo fue muy interesante, y vivir en Houston una buena experiencia debido a la variedad étnica y cultural. Por ejemplo la mejor comida mexicana tanto sofisticada/regional como los sencillos y sabrosos tacos de todo Estados Unidos se encuentran aquí. El gran barrio vietnamita ofrece cangrejo, mariscos, cerveza con hielo y su fina cocina con influencias chinas y francesas a unos precios increíbles. Gente de Malasia de origen chino ofrece las mejores gambas fritas  cogidas vivas de una pecera, que he comido fuera del Mediterráneo. Baretos innovadores donde la calidad prima sobre la imagen (exactamente lo opuesto que en Miami) aparecen como setas; desde los especializados 100% en tequilas y mezcales incluso macerados en casa, hasta los que ofrecen embutidos caseros (de verdad) y vinos.

 

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Algo curiosísimo y único de Houston es que el día con más actividad nocturna y social son los jueves. Recibí muchas explicaciones e interpretaciones de este comportamiento extraño en una ciudad donde se vive muy bien pero que está orientada al dinero. Hay dos teorías que encuentro bien sugerentes, la primera es que ,si tienes pareja, ya tienes cogidos los viernes y sábados, y como los jueves está más orientado a amigos o conocidos de trabajo, pues da mucho margen para actividades extra-matrimoniales y extra-pareja … ahí es nada. La otra explicación y también basada a incrementar la frecuencia de los encuentros sexuales, es que para aquellas relaciones que empiezan desde cero, vaya, para ligar en el bar, y con gente de cierta edad y pretendido nivel, se necesitan tres días: el jueves para conocer, conectar y caldear, el día siguiente, el viernes,  la cena, aquí un porcentaje termina ya en la cama y entonces repite cama el sábado como confirmación de que ha valido la pena. Otro porcentaje se hace el estrecho el viernes para acabar obligatoriamente en la cama al tercer día, el sábado.

 

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El porqué de esta ritualización (y fijación en el calendario) es, según lo que he oído por allí, porque permite a las mujeres que se convenzan de que no se las tomará por demasiado fáciles, y de que los hombres tienen suficiente interés, como para invertir en tres días de seducción (los hombres siempre pagan las cuentas por cierto). Son cosas de mujeres americanas, y este tema merece no solo posts y artículos sino una enciclopedia completa. En todo caso en Houston han desarrollado una especie de romanticismo express, que les permite ir de desconocidos totales a amantes románticos en tres días, todo en un fin de semana sin paradas ni intermedios. Todo muy práctico. América. Ya veis. No sé sobre la duración y tasa de efectividad de estas relaciones romántico-express y si son mejores que las más rápidas o las más pausadas, sin embargo, viendo el nivel constante de actividad los jueves, se puede concluir que la duración no debe ser muy alta.
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Agusti Miro en Miami

Miami


Miami es una ciudad fotogénica que queda espectacular en películas. Es una ciudad vibrante, hedonista y tropical, y llena de contradicciones. De hecho actúa más como la capital de negocios y de ir de compras de la élite latinoamericana, que como una ciudad de verdad de los Estados Unidos. La ciudad ofrece una vida social espectacular, con gente haciendo cafelitos en cada esquina y un mar magnífico con coral vivo a veinte minutos en barca.


Hay pocas grandes ciudades en el mundo con buenas playas, coral y un mar vivo; Sídney, Ciudad del Cabo en Sudáfrica y Miami son de las pocas afortunadas. De hecho hay dos Miami, uno el de tierra firme que ,dependiendo del barrio, puede parecer Hollywood, dadas las casas de actores con mar añadido, o un barrio bien castigado de Guatemala, luego está el Miami desde mar.


Para empezar hay playas que parecen salidas de una revista, con palmeras al borde del agua, rodeadas de parques como las de Crandon Park o Virginia Key.

Son playas largas de agua poco profunda y arena fina que hacen de centro social para la gente de origen latinoamericano que se lleva la comida y la nevera llena de bebidas frescas para estarse todo el día. Después tenemos la zona que va de la playa hasta los corales, mezcla de barras de arena, rocallas y algas, con zonas de color verde y “piscinas” naturales, que son círculos de arena blanquísima y agua super-azul. Unos centenares de metros más al este el agua vuelve a hacerse poco profunda y llegamos a la zona de corales, increíblemente vivos y saludables a pesar de la proximidad de la zona superpoblada. Los mejores están en la reserva de John Pennekamp en Key Largo a una hora de Miami, donde puedes ver una fauna marina impresionante, incluso delfines y rayas. Los afortunados que llegan en barca propia las amarran en las boyas marcadas y alternan el zambullirse con tomarse cervezas frías todo el día. Diez minutos en barca más hacia el este nos permiten ver un cambio radical, el coral da paso a un descenso rápido del terreno y de repente vemos como un río de color lila oscuro que se mueve más rápido y es de agua mas fría, es el “gulf stream”; la corriente del golfo que desde el sur empuja el agua primero paralela a la costa y, luego, cruzando el atlántico. Es lo que aprovecharon los grandes veleros del XVI y XVII para regresar a Europa desde las colonias. Es impresionante y hay que ir con cuidado pues es literalmente la autopista de los animales marinos capaces de navegar grandes distancias como tiburones o tortugas.


Bien, Miami pues, es entretenido y tiene un mar impagable, sin embargo es un desierto cultural, un desastre arquitectónico y urbano, y es para bien y para mal mucho mas sudamericano de lo que se nota inicialmente; Es una ciudad donde tras una fuerte tormenta, la luz no vuelve en semanas, llegar a la hora acordada , se considera que sólo lo hacen los estúpidos, donde todo se compra y todo se vende, donde aparentar lo es todo, y donde los enemigos y alguna antigua novia si se cabrean intentan hacer magia negra con artefactos comprados en tiendas especializadas que hay por todas partes. No es exactamente Norteamericano todo esto.     
En Miami, continué la carrera de consultoría, trabajando con más responsabilidad, representación institucional, entrando a fondo en la industria de los cruceros y participando y coordinando docenas de proyectos por todo el mundo. Así pude disfrutar de los placeres de nuevos aeropuertos y de más hoteles donde recogerse en la noche, agotado. Bien, incluso me dio tiempo para hacer de padre (todavía estoy en este tema, pues no se acaba nunca de aprender), meterme en jardinería y navegar. No está nada mal. Chulo.

Agusti Miro en Boston

Boston

 


Ciudad vieja para los estándares de Estados Unidos, (1630), es una buena ciudad que visitar y absolutamente perfecta para estudiar (Harvard, MIT, Boston University, Boston College …). Pero a finales de los años 90 era una ciudad que se miraba el ombligo, (ellos dicen que Boston es “the Hub of the Universe”, vaya, el centro conector del universo, ni más ni menos.


Era y es una ciudad próspera, el centro mundial de la industria de Consultoría Estratégica pero que mantiene un toque puritano y se siente encorsetada y rígida, una ciudad donde cerraban las cocinas de los restaurantes a las 9 de la noche (cuesta creer pero es cierto).


Era pues una ciudad para trabajar mucho, aburrirse y volver a trabajar aún mas, perfecto pues para ser consultor. En Boston empecé a trabajar en consultoría, primero en Monitor, que en aquellos tiempos gloriosos competía con las empresas de referencia como Boston Consulting Group o McKinsey y que en 2013 fue engullida por Deloitte.


Después de Monitor fui contratado por Andersen Consulting, que en el año 2009 se transformó en Accenture y hoy es el super-peso pesado en consultoría de todo tipo. En Accenture y después de sólo vivir para ello, (ahora con más perspectiva no lo recomiendo), terminé siendo socio, vaya, el culmen de una carrera profesional en esta industria. Objetivo cumplido. Con Accenture volví a viajar más, con proyectos en Europa y Sudamérica y me pegué un atracón de aprender, de enseñar, de gestionar, de conocer aeropuertos y de despertarme en hoteles sin saber en qué ciudad estaba. Intenso.


Vivir en Boston era a veces frustrante. La ciudad tiene diferentes caras; las películas como “Good Will Hunting” o “Mystic River” nos la enseñan tal como es, de verdad, los barrios herméticos, pobres e irlandeses como Southie o Bunker Hill, todos bien feos y con baretos de mala muerte en cada esquina, que desde entonces han intentado limpiarse la cara con restaurantes de moda.  Quien visita Boston se queda más que nada con el centro histórico de las calles adoquinadas de Beacon Hill y los Commons, barrio único, pero incómodo. Yo cargaba las pilas mejor paseando por Harvard Square, en la vecina Cambridge, una área mucho mas tolerante y abierta, de verdad internacional, donde se notaba incluso en el aire la gran cantidad de buenos cerebros y altos cocientes intelectuales que había alrededor.

A la gente local le interesa poco la zona histórica o Cambridge. Lo que hacen es ahorrar y ahorrar para irse a vivir a 40 minutos en coche en algún suburbio, con casas separadas por hileras de arboles, donde seguro que nunca se podrán cruzar con ningún vecino, y donde ir al supermercado es toda una operación logística que requiere una furgoneta enorme, un segundo gran congelador en la casa y un garaje donde amontonar todas las cosas inútiles que se van comprando.