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Ilusiones perdidas.

El domingo pasado salió el resultado del sorteo de puestos, para participar en el maratón de montaña internacional Zegama-Aizkorri. La fortuna no quiso sonreírme esta vez tampoco, al igual que les ocurrió a otros 1.500 no agraciados (iba a decir desgraciados ja, ja).

Tendría que estar acostumbrado a esta desilusión, son ya muchos años los que me veo imposibilitado para participar en esta maravillosa carrera, unos por lesiones y otros (4) por no sonreírme la diosa Fortuna (y eso que no soy tan feo). Pero esta vez me ha dolido especialmente, pues ya había decidido que era mi última oportunidad, no me apuntaré más. No se trata de que me haya rendido al destino, la razón es que ya tengo unos años y no puedo permitirme el lujo de estar entrenando duramente para esta carrera, para luego participar en competiciones más cortas, en las que todo ese trabajo de fondo no me sirve para nada.

Un chaval puede permitirse el lujo de empezar entrenamientos largos una vez asegurada su inclusión en carrera, pero un veterano como yo, tiene que empezar mucho antes la preparación. Me da rabia no poder luchar en esta carrera, pues sé que de no tener percances podría completarla en menos de 4h.30m., con grandes posibilidades de vencer en categoría de veteranos. No obstante lo que más me duele de quedarme fuera, es que desde mi pueblo, incluso desde mi ventana, veo todos los días de cerca las crestas montañosas por las que discurre la carrera, Habría sido maravilloso para mí recordar cada vez que mirara estos bellos parajes, la épica batalla que sin duda viviría con tales ingredientes, poder narrarlo y compartirlo en este blog hubiera sido un enorme placer. De la misma manera en que lo hizo el amigo Txapel en su blog el año pasado, con una narrativa francamente amena. Especialmente gracioso su apunte de que en las bajadas hasta la mierda corre ¡Ja, ja! Pero que sepa que en mi caso necesito bastones para bajar, si no a esta mierda se le parten las rodillas.

La desilusión queda ahí, pero tampoco es el fin del mundo, hay muchas otras carreras altamente atractivas en las que participar, puede ser tan genial la épica de un maratón, como estimulante la velocidad de una milla. ¡Los retos son infinitos!

No quiero terminar este artículo sin una aclaración, pues tras leer lo escrito, me ha dado la impresión de que alguien podría malinterpretarme, no es desde luego mi intención criticar el modo de asignar dorsales para la Zegama ¡Ni mucho menos! Al contrario me parece una carrera genial y con una organización exquisita hasta el último detalle, que sin duda conlleva un enorme esfuerzo por parte de multitud de voluntari@s, a l@s que nunca agradeceremos lo suficiente su labor. Para ell@s y para vosotr@s lector@s, un saludo.

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